domingo, 5 de agosto de 2012

Apología de la molleja


Es el caviar de la parrilla. El amor, siempre carnal, de los argentinos por esta glándula motivó obras fundacionales, inspiró publicidades, letras de rock y momentos brillantes de la literatura. Cuentan que era el plato preferido de Juan Manuel de Rosas en el exilio y que CFK desespera por ellas. Hasta existe una letra de tango que ensalza esta “pieza preciosa en el sur de la parrilla”.

En la mitología griega, la ambrosía era el alimento de los dioses. En la mitología de las pampas, si es que existiera, su lugar sería ocupado por la molleja, esa pequeña glándula de los vacunos que solamente con un poco de limón y a la parrilla podría desatar una guerra de Troya entre los comensales.
Si bien es cierto que cuando “talla” el estómago es inútil explicar los fenómenos sensoriales con tecnicismos, “la molleja está constituida por el timo, glándula integrada por una porción cervical y una porción torácica, la que se ubica a ambos lados de la tráquea, lobulada y de color amarillento pálido”[1]. Esto quiere decir, en buen criollo y como lo promocionan los carniceros, que existe una molleja “de garganta” y otra “de corazón”. Ambas son mollejas, aunque la de la región cervical presenta un aspecto más “glandular” y la otra porción una consistencia más grasosa. En raras ocasiones algunas carnicerías también venden “falsas” mollejas obtenidas a partir de las glándulas salivales del vacuno aunque es tan difícil su extracción y tan pequeño su tamaño que el producto es prácticamente inviable.
Abandonemos por un instante las explicaciones racionalistas y dejemos que fluya el espíritu para describir este fenómeno tan argentino. Para ello, podemos echar mano del libro “Pagaría por no verte”[2], cuarto de la saga protagonizada por el detective Julio Etchenike, creado por el genial Juan Sasturain. Al comienzo de su nueva aventura, el veterano Etchenike –carnívoro en todas sus andanzas- se acerca a una parrilla y protagoniza una escena en la que se brinda una de las definiciones más precisas de la molleja: “una pieza preciosa en el sur de la parrilla”.
La escena transcurre obviamente en un gigantesco asado durante el cual se desata una tormenta. El detective aprovecha la ocasión para acercarse a la parrilla y, cuando está a punto de pedir el deseado tesoro alguien le gana de mano:
-Esa molleja, la de atrás.
No estaba solo. El hombre calvo y de anteojos que acababa de señalar con dedo corto y torso inclinado de miope una pieza preciosa en el extremo sur de la parrilla le recordó que la vida continuaba:
-Y a mí, la de al lado – se sumó.

La epifanía de Manucho

El recordado Manuel Mujica Láinez asegura, en el libro “Encuesta a escritores argentinos contemporáneos”[3], que comenzó a escribir siendo muy chico, cuando tenía menos de seis años y que esa suerte de epifanía tuvo que ver con las mollejas: “…había redactado yo el breve texto de ‘Las Mollejas’, quizás tres o cuatro páginas, que le regalé al portero y desapareció así”.
Según Manucho, “Me inspiró esa ‘obra’ inicial, el hecho de que una amiga de mi madre, invitada a comer, se enfermase a causa de unas mollejas. Lo curioso del caso es que dicho texto estaba compuesto como una pieza de teatro, y que fuera en verso”.
Jorge Luis Borges nunca escribió sobre las mollejas aunque, con su habitual ironía -muchas veces salpicada con toques de cinismo-, solía referirse al reto que le propinó su padre cuando le confió que había ido hasta el viejo Mercado del Abasto para comer achuras, entre las cuales reinaban las mollejas. Según el escritor, su padre lo había hecho avergonzarse explicándole que un auténtico criollo jamás comía esas “cuestionables carnes”, que en sus tiempos se reservaban para los mendigos[4].

Glándulas rockeras

El cumpleaños 57 de Charly García, uno de los íconos del rock vernáculo, fue reflejado en los medios con el título de “asado, molleja y rock and roll”[5]. García había dejado pocos días antes la clínica en la que recuperaba de sus adicciones y festejó su cumpleaños en la quinta de Palito Ortega, en Luján, a la que asistieron otros músicos como León Gieco, Pedro Aznar, Fabián "el Zorrito" Quintiero y Fernando Samalea. El menú estuvo compuesto por asado y mollejas, pedidas especialmente por el homenajeado.
El vínculo de la glándula más sabrosa y el rock argento no finaliza allí. En el tema “La vaca y el bife” de Las Pelotas, el protagonista –dueño de una vaca- es asaltado y termina quejándose amargamente: “Me quedé sin molleja/me quedé sin riñones/no habrá choripán en mi mesa/por culpa de esos ladrones”.
Otras bandas celebran el fenómeno de la achura más codiciada. Una de ellas se llama “Los gauchos from Las Pampas” y dos de sus hits electrónicos son “Molleja madness” (locura de molleja) y “Parrillada without molleja it’s not parrillada” (parrillada sin molleja no es una parrillada). Los otros grupos se llaman, sin eufemismos, “Molleja eléctrica” y “Groove molleja”.

Macho argento mollejero

La recordada publicidad “Igualismo” de la Cerveza Quilmes mostraba a un ejército de hombres enfrentado a uno de mujeres en medio de un gran desierto. Los generales de ambos bandos arengaban a sus subordinados con consignas que buscaban ahondar las diferencias “insalvables” entre hombres y mujeres antes de la batalla final. Así, mientras en el bando femenino se referían consignas mayormente referidas al amor o a situaciones sociales (salidas, bailes, etc.), en el bando masculino el estómago y las mollejas decían presente en dos pasajes de la publicidad: “¿Qué nos falta comer verde? Bueno, vamos a comer mollejas al verdeo, ¿o no?”, arengaba el líder y la tropa gritaba “Siiiiiiiiiii” a viva voz.
“Cuántas veces escuchamos: ‘no me acompañás con la dieta’. ¿A dónde querés que te acompañe?” –insistía el líder de los hombres-: “Andá vos y yo me quedo acá, comiendo las mollejas”.
En este caso, la diferencia entre hombres y mujeres no estaba dada por el gusto -sobre el cual hay unanimidad entre todos los argentinos carnívoros-, sino por el colesterol y las grasas, el único “punto débil” de las sabrosas glándulas parrilleras en estas épocas tan diet y edulcoradas.

El restaurador de las achuras

En su libro "El elogio de la Berenjena"[6], Abel González cuenta que Juan Manuel de Rosas, a quien todos los historiadores describieron como gran comedor y propiciador de asados, en el ocaso de su vida se había fanatizado con las mollejas.
González asegura que, en su exilio inglés, Rosas se aficionó a las mollejitas al champagne "en lugar de los asados sanguinolientos que comía en su tierra", acompañadas por finísimos vinos franceses que le regalaban allegados a la princesa Alicia, hija de la Reina Victoria y madre de la futura esposa del zar Nicolás II.
Algo parecido seguramente contarán de Cristina Fernández de Kirchner los futuros cronistas de la gastronomía política argentina. Aseguran que la Presidenta, pese a ser una de las principales voceras del consumo de carne de cerdo, es fanática de las mollejas (“mollejos y mollejas” para utilizar la terminología de género impuesta en su gobierno) aunque actualmente trata de espaciar su consumo para cuidar la figura.
Las “mollejas y mollejos” son una pasión en varios miembros de su gabinete ya que, como consignó la revista Planeta Joy en una nota sobre los restaurantes preferidos de los políticos: “Los mozos del coqueto restaurante La Raya extrañan a uno de sus comensales más poderosos. Hace tiempo que Julio De Vido no aparece a degustar un asadito por la calle Ortiz de Ocampo, ni unas mollejas como solía pedir. Ellos se lo imaginan de recorrida por el conurbano bonaerense a la pesca de la Merluza para Todos, que anunció el gobierno a 12 pesos el kilo”[7].

La última molleja

En la tierra de la carne y el tango es casi lógico que la pasión por las glandulitas a la parrilla también llegara a la música ciudadana, que le canta a la vieja, a las minas, a la muerte y al escolazo pero también le “entra” a las mollejas.
Lucio Arce, joven cantautor dueño de un estilo en la senda de Ignacio Corsini o Agustín Magaldi, describe la soledad y la desazón que “siente” una molleja al quedar insólitamente abandonada en la parrilla: “Con su piel curtida y vieja/sobre las inertes brasas/una lágrima de grasa/la mollejita lloró” (ver aparte).
Ese tango, junto con la citada definición de Sasturain, sirve para completar una descripción casi perfecta de ese manjar, entendido como “comida exquisita” y como “recreo o deleite que fortalece y da vigor al espíritu”[8] tan argentino como el dulce de leche: “Glandulita parrillera/consistencia cerebrosa/no te quieren por hermosa/sino por ser exquisita”.


Luis Fontoira
Publicado en la Revista Integración Nro. 24 - Julio de 2012




[1] Nomenclador de cortes vacunos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) 2006.
[2] Editorial Sudamericana (2008)
[3] Centro Editor de América Latina (1982)
[4] Fuente: http://www.tyhturismo.com/
[5] Diario Clarín, 24 de octubre de 2008.
[6] Vergara Editor (2000).
[7] Agosto de 2010.
[8] Real Academia Española. Segunda y tercera acepción de la palabra.



Recuadro 1:
EN EUROPA NO SE CONSIGUEN
Como proclaman algunos vendedores ambulantes, “en Europa no se consiguen”. Y es cierto. Las mollejas argentinas se consumen casi en su totalidad dentro del país y apenas se exportan cantidades que no llegan a conformar un contenedor completo. Por ejemplo, en mayo de 2012 solamente se enviaron 1.819 kilogramos a Israel, presumiblemente para el consumo de la comunidad argentina de ese país.
Otra particularidad es que, salvo en el Mercosur, en casi ningún rincón del mundo se comen las mollejas, que son destinadas a la industria.
El fanatismo de los argentinos –y, seguramente, algún negocio- motivó que en la década del ‘90 se importaran mollejas de los Estados Unidos, derrumbando el precio en el mercado doméstico. Eran más grandes y mucho más grasosas –por el sistema de producción, exclusivamente a corral- pero, según recuerdan los parrilleros memoriosos, tenían la ventaja de ser prácticamente uniformes en tamaño y peso, cosa que no sucede con las mollejas argentinas dada la gran diferencia entre las categorías y los pesos de los animales faenados en el país.



Recuadro 2:
LA ÚLTIMA MOLLEJA
(Tango) Letra y música: Lucio Arce

Un perro que merodea
pa’ que le tiren un hueso,
dos dedos de un tinto espeso
donde flota una colilla.
Quemada, seca y sin queja,
sola y triste en la parrilla,
sobre las tibias cenizas
yace la última molleja.

Pasaron el chinchulín,
las morcillas, los chorizos,
si hasta uno que fue al piso
fue parte del gran festín.
Pasó la tira, el vacío,
volaron las ensaladas,
la molleja chamuscada
fue quedando en el olvido.

Ahora no tiene consuelo su pena,
llegó el almendrado,
llegó el flan con crema
y en el abandono brutal
que la aqueja
la última molleja
allí se quedó.

Glandulita parrillera,
consistencia cerebrosa,
no te quieren por hermosa
sino por ser exquisita.
Pero esta pobrecita
y desgraciada molleja
nunca llegó a la bandeja
que sirvió a los invitados.

Una mosca se ha posado
sobre la última molleja,
tendida sobre la reja
su emoción se desbordó.
Con su piel curtida y vieja
sobre las inertes brasas
una lágrima de grasa
la mollejita lloró.

miércoles, 11 de julio de 2012

Esa bolsa de cuero llena de negocios a la que llamamos vaca


Más allá de la carne, las achuras, el cuero y los subproductos lácteos, de la vaca, ese animal que puebla nuestras praderas con abnegada paciencia -como dirían los Les Luthiers- se obtienen medicamentos, cremas, hilos de sutura, adornos, suplementos dietarios, pócimas afrodisíacas, pinceles y hasta zapatos de mondongo.

“Señora vaca, señora vaca, yo le doy gracias por todo lo que nos da, hoy mi maestra nos ha enseñado que en su cuerpito usted trabaja sin cesar... Señora Vaca, usted sabe trabajar” (canción infantil, KTRASK).
Es cierto. No es una forma muy enciclopédica de comenzar una nota, pero sí efectiva porque, además de la leche y el dulce de leche, además del bife y del asado, además de la molleja, los chinchulines y el cuero, la vaca –mirándola con ojos de niño- es una piñata de cuero llena de sorpresas. Y de negocios.
Soslayemos por un instante esa mirada lánguida, mansa y feliz de la “Señora vaca”, entonces, y descuarticémosla como corresponde, prolijamente, al estilo de nuestras pampas.

La grasa de las capitales

Bifes, cuero y achuras a un lado, empecemos nuestro recorrido por el interior de la vaca por lo más básico: los recortes y la grasa.
El trimming está compuesto por los pequeños retazos y sobrantes que resultan del desposte del animal y se exporta básicamente para usos industriales (carne procesada, picadillos, etc.). A pesar de su aspecto poco saludable de bola demente de carne y grasa es una de las delicatessen del negocio exportador y en la última década fue la “estrella” argentina en la Federación Rusa, hacia donde se envía congelado.
Aunque el negocio se “cayó” en los últimos años, en marzo de 2012 se exportaron 359 toneladas de trimming hacia Moscú, por un valor que osciló entre los tres mil y los tres mil doscientos dólares.
El sebo, por su parte, tiene múltiples usos en la industria de la alimentación (galletas, chocolates) y también en la de la cosmética, siendo uno de los componentes principales de cremas para el cuerpo y las manos, de esas que hacen que uno “ni-vea” cómo le quedó la cara después de su aplicación.

Chin Chu-Lín

El mercado chino, recientemente abierto para nuestra producción, presenta una gran oportunidad de negocios, no solamente por la carne fresca y las menudencias “tradicionales” sino también para otros subproductos, como los tendones, que hasta ahora se “triangulaban” vía Hong Kong.
Los orientales, digámoslo sin temor a represalias del INADI, tienen gustos extraños para nuestros paladares parrilleros y también demandan la verga –con el perdón de la palabra- y la ralladura de pezuña, que son requeridas por sus supuestas propiedades afrodisíacas. Y no es un negocio para nada desdeñable para quien esté dispuesto a recorrer frigoríficos en busca de ese producto tan poco glamoroso: solamente en enero de 2012 se exportaron 11 toneladas de penes a Hong Kong.
También los ojos del vacuno son un bien preciado por aquellos lares arroceros, aunque no tanto como los cálculos biliares, verdaderos “diamantes vacunos”, cuyas propiedades son tan enigmáticas como su exorbitante valor de mercado (ver recuadro).

A sangre fría

Más allá de las morcillas, la sangre del vacuno representa un negocio “a chorros”. De ella, además del “morcipan”, se produce la harina de sangre y la sangre seca (ambas destinadas a la industria de la alimentación) y otros componentes se extraen por disecado –mediante un complejo sistema de spray-, para suplementos dietarios. También, después del noqueo y cuando la sangre está aun caliente, se obtienen “albúminas de sangre”, proteínas plasmáticas que constituyen uno de los componentes más importantes del suero sanguíneo.
Albúminas aparte, como si despacháramos medicamentos a través del ventanuco de una farmacia, del intestino delgado del animal se obtiene el hilo de sutura biodegradable, de la criadilla del todo el ácido hialurónico (las mejores cremas, señora), del cartílago del esternón se extrae, entre otras cosas, el “sulfato de condroitina” -el mismo producto que contiene la renombrada “aleta de tiburón”- y de una pequeña capa que existe entre el cuero y la carne se obtiene colágeno para el cuidado del cabello.
La bilis merece un capítulo aparte ya que se la utiliza para terapia medicinal en la elaboración de hepatoprotectores pero, además, está considerada como uno de los desengrasantes más potentes. Hoy destinada mayormente a la industria cosmética, hasta hace algunos años se la utilizaba para limpiar los pisos y las paredes de los frigoríficos.

La oreja no sólo es de Van Gogh

Otras industrias también se ven beneficiadas por este animal todo forrado de cuero. A las orejas -que son usadas en la industria veterinaria- previamente se les extrae parte del pelo para confeccionar los “pinceles de pelo de Marta”, unos de los más sofisticados tanto para su uso artístico como para maquillaje. Y los huesos -de los que antaño se hacían pellets para alimentación pero hoy están prohibidos por el BSE o “mal de la vaca loca”- van a parar a la industria del “pet shop”.
Por si todo esto fuera poco -y sin entrar en la enumeración de souvenirs vacunos como el mate de pezuña o la taba-, se utiliza el cuajo (estómago glandular), el librillo (pre-estómago), el bazo, la aorta y la membrana del diafragma. Del hígado se obtiene creatina, se confeccionan zapatos con mondongo (ver aparte), el estiércol es utilizado como abono y en lumbricultura, y a partir del líquido ruminal está en desarrollo un producto que serviría para suplementar la leche materna.
Ahora sí, después de haber despostado al estilo criollo a este pobre animal, volvamos a ensamblarlo como Dios lo trajo al mundo, mirémoslo pastar con la alegre intrascendencia a la que nos tiene acostumbrados, hagamos una ronda y cantémosle nuevamente como niños: “Señora vaca, señora vaca, yo le doy gracias por todo lo que nos da, hoy mi maestra nos ha enseñado que en su cuerpito usted trabaja sin cesar... y nos da la leche, el dulce de leche y la manteca que siempre le pongo al pan. También el queso que es tan sano y un yogurt para mi hermano...Señora Vaca, usted sabe trabajar…”.

Luis Fontoira
Publicado en Revista Integración Nro. 23 – Junio de 2012
Luis.fontoira@gmail.com


Recuadro 1: La piedra preciosa de los vacunos
Los cálculos biliares, como su nombre lo indica, son molestas piedrecillas que se forman en la vesícula de algunos animales, mayormente los que provienen de zonas arenosas. Pero, a la vez, son mucho más que molestas piedrecillas. Son verdaderas piedras preciosas por las que se puede llegar a pagar siete mil dólares el gramo.
No existe una explicación científica que lo avale, pero en algunas regiones de orientes lo consideran uno de los afrodisíacos más poderosos del mundo. Es por ello que existe un mercado –clandestino- que hasta motivó que las plantas frigoríficas establecieran sofisticados mecanismos de seguridad para evitar su sustracción por parte de los operarios.
Primero se instalaron cámaras de vigilancia en las salas de desposte pero la pericia de los trabajadores -verdaderos “magos” en el arte de detectar los cálculos por palpación y esconderlos en la manga- provocó que en algunos frigoríficos se colocara un aparato tipo embudo en el que derrama la bilis tras el corte -junto con las posibles piedras-, y en el que es imposible introducir la mano.
Los cálculos son adquiridos por compradores específicos que recorren las plantas en busca del tesoro y parten al exterior sin dejar huellas.
En oriente pueden llegar a pagar siete mil dólares o más por cada gramo de estas “piedras del amor”.


Recuadro 2: zapatos de mondongo
A primera vista parecen confeccionados con cuero de reptil. De colores vívidos y texturas atrayentes, se ofrecen en el escaparate de chapa de la feria que se monta los fines de semana frente a Plaza Italia, en Buenos Aires.
Son zapatos elegantes, suaves al tacto pero resistentes y prometen ser una revelación en la moda de las pampas. Están hechos de mondongo (corte compuesto por el rumen y el retículo o bonete de los vacunos).
Sí, ese mismo mondongo de la buseca y del guiso, ese que en el mostrador de la carnicería parece una toalla descolorida.

lunes, 28 de mayo de 2012

En la Argentina el “sánguche” de milanesa le gana al Big Mac


Ocupa, después del asado, el segundo lugar en la “pole position” del típico gusto argento. Es una pasión desmedida entre los tucumanos. Tiene un monumento que lo homenajea, existe un proyecto de ley para designar el “Día del sándwich de milanesa” y hasta hay una “Expo Milanga”. Secretos a voces de un plato algo rústico para los chefs pero que hace babear a los argentinos.

De acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, una milanesa –además de ser una “natural de Milán”- es “un filete de carne empanado”, en tanto que un sándwich es un “emparedado hecho con dos rebanadas de pan de molde entre las que se coloca algún alimento”.  
Sin entrar en el significado lunfardo del término milanesa –mentira, embuste, engaño- se puede asegurar, en definitiva y sin miedo a los ataques de algún sibarita hiperculto de los que pululan en algunos canales de TV, que un sándwich de milanesa es carne empanada entre panes.
Y aunque está dicho que “pan con pan es comida de tontos”, en la Argentina –y más aún en Tucumán- el sándwich de milanesa o el “sánguche de milanga”, como se lo denomina en la calle, es una de las comidas preferidas.
En el “Jardín de la República” la “milanga sanguchera” es un manjar que le gana ampliamente a las empanadas, a la humita en chala y a los tamales: desde hace dos años se realiza la “Expo Milanga” -una feria íntegramente dedicada al sándwich de milanesa-, existe un monumento que honra no solamente a la exquisitez doblemente empanada sino también a sus consumidores, hay un proyecto de ley para declarar el “Día del sándwich de milanesa” y en 2011 se batió un récord que engrosa las páginas del libro Guinness.
Tanta información sobre un producto de aspecto tan humilde pero masivo y “multitarget” –como lo denominarían los publicistas y los marketineros, solamente por decir algo- merece ser contada paso a paso. Tomemos dos mitades de pan, entonces, y armemos nuestro sándwich por partes.

Expo Milanga

Desde hace dos años se organiza en la capital tucumana la “Expo Milanga”, una feria de alimentación en la que solamente se venden sándwiches de milanesa en honor al aniversario de la muerte de José “Chacho” Leguizamón, bautizado por algunos medios de la provincia como “el hombre que le ganó al Big Mac”. Leguizamón, todo un prócer de los carritos de venta ambulante de milanesas y dueño de unos de los bares más tradicionales de la ciudad, fue uno de los impulsores de la pasión tucumana que le gana a las típicas empanadas de carne cortada a cuchillo.
De acuerdo a informaciones periodísticas, en la capital de la provincia se vende medio millón de “sánguches de milanga” por fin de semana y estas delicatessen vernáculas triplican la venta de hamburguesas y lomitos.

Récord Guinness

Tanto furor de “Carne ensobrada sobre huevo agitada en astillas de pan” -como las llamaría Peter Capusotto-, motivó a Víctor Tirador (periodista, historiador deportivo y recordman) a realizar en 2011 el “sándwich de milanesa más grande del mundo” en el marco de la primera “Expo Milanga”.
Para la tarea se utilizaron catorce kilos de carne, seis kilos de pan rallado, sesenta huevos, una hogaza de pan gigante de catorce kilos, seis kilos de tomate y diez plantas de lechuga. El  delicado “bocadillo” terminó midiendo 2,60 metros de largo por 54 centímetros de ancho.
Tirador, que falleció pocos meses después, era considerado el “hombre de los récords” en la provincia, con 17 marcas en el libro Guinness, entre ellas la de haber elaborado la milanesa napolitana más grande del mundo (2007) y haber asado 1.110 hamburguesas en 13 horas (2005).

Gordo comiendo milanga

En el año 2000 el artista tucumano Sandro Pereira -después de un viaje a Brasil durante el cual extrañó el terruño pero más aún las milangas al paso- decidió crear el “Monumento al Sándwich de Milanesa”, una obra de más de dos metros de altura que consiste en un gordo “tipo Botero” engullendo con fruición apocalíptica un descomunal “sánguche de milanga”.
El efecto es perturbador, ya que toda la obra está realizada en materiales de un blanco reluciente (resina poliéster con pintura epoxi) con excepción del “sánguche”, a todo color y fulgurante como los grandes filmes de Hollywood de la década del cincuenta.
La curiosa historia del monumento consigna que al principio, pese a ser exhibido en el Parque 9 de julio, pasó desapercibido o fue menospreciado por los puristas del arte hasta que fue llevado a la gran ciudad y presentado en la feria “ArteBA”, en 2001. Allí, pese a su aspecto poco ortodoxo, saltó a la fama al ser adquirido por el coleccionista Juan Cambiasso que pagó por él diez mil de los pesos/dólares de Domingo Cavallo.
Desde ese momento no solamente Pereira pasó a jugar en las grandes ligas del arte sudamericano sino que el gobierno de Tucumán comenzó a realizar gestiones –o al menos a declamar al respecto- para que el monumento, famoso tras su paso heroico por la capital de los argentinos, volviera a instalarse en la provincia.
Más de una década después, según consignan por estos días los medios locales, se estaría por colocar provisoriamente una réplica del monumento en las calles Mate de Luna y Pellegrini, a la espera de su “entronización” definitiva en una plaza.

El día del chegusán

Como está visto, si hay algo que los tucumanos consideran “nacional y popular” es el sándwich de milanesa. Por eso mismo, la legisladora Carolina Vargas Aignasse presentó hace algunos meses un proyecto de ley para declarar el 18 de marzo –fecha en que falleció Chacho Leguizamón- el “Día Provincial del Sándwich de Milanesa”.
Consultado al respecto, en medio de la polvareda mediática que suscitó el tema, el propio Gobernador José Alperovich aseguró que el “Chacho” se merecía un homenaje y que él prefería el sándwich de milanesa antes que las empanadas, respaldando de esa forma la iniciativa.

La verdad de la milanesa

El amor platónico y a la vez carnal que sienten los argentinos por las milanesas ya fue abordado en otras “Historias de la carne” pero, solamente a los fines de refrescar la “memoria sanguchera”, es bueno reiterar algunos datos.
De acuerdo a estudios realizados por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), la milanesa es la forma de preparación preferida por los argentinos a la hora de comer carne, tanto es así que es mencionada habitualmente por los consumidores como uno de los “cortes” del animal, junto con el asado, el matambre o el vacío.
Asimismo, encuestas más recientes -realizadas por el IPCVA en el marco del gran aumento de los precios de la carne-, demuestran que la milanesa es uno de los “gustos” que los consultados no piensan reemplazar por ningún otro alimento sustituto o alternativo, cueste lo que cueste.
Está visto que Atahualpa Yupanqui, además de un gran artista, era un “lírico” que creía que los tucumanos le cantaban a su “lunita”, pero la mayoría de ellos y gran parte del pueblo argentino (salud) prefieren cantarle al sándwich de milanesa: “Ay sánguche tucumano, de milanga, de cuadril, compañero de los gauchos, en la senda de Tafí”.


Luis Fontoira
Publicado en Revista Integración Nro. 22 – Mayo de 2012

lunes, 23 de abril de 2012

Superagente 86: temible operario de la carne vacuna argentina


En un capítulo de la recordada serie que se sigue emitiendo en todo el planeta, Maxwell Smart y la Agente 99 viajan a la Argentina de la mano de un enigmático “gaucho” y aseguran que se encuentran en la tierra del “tango y del churrasco”.

Nadie imaginó en la cadena NBS que el mundo caería rendido a los pies de Maxwell Smart, “temible operario del recontraespionaje”, cuando en 1965 comenzó a emitirse “El Superagente 86”, una comedia de bajo presupuesto que se burlaba de los espías en el marco de la guerra fría.
La idea del desopilante Mel Brooks –creador de los personajes- y del productor Buck Henry fue aprovechar el éxito internacional de algunas series y películas, como “James Bond 007”, el “Agente de CIPOL” o “Los Vengadores”, para parodiar las acciones de la CIA y la KGB a través de los enfrentamientos entre la agencia “CONTROL”, que respondía al gobierno de los Estados Unidos, y “KAOS”, una mezcla indefinida de rusos y nazis que propiciaba el mal en todas sus formas.
"Get Smart" –título original de la serie en inglés- debutó con un único capítulo en blanco y negro el sábado 18 de setiembre de 1965 y pocas semanas después -a todo color y con estética beatnik- ya lideraba con amplitud el rating, siendo una de las series más vistas a lo largo de cuatro años consecutivos.
“El Superagente 86”, en una época de grandes realizaciones televisivas, ganó tres premios Emmy y Don Adams –el actor que personificaba a Maxwell Smart- se llevó tres estatuillas a la mejor actuación en comedias entre 1967 y 1969.

De Argentina, con amor

En el capítulo “Supersonic Boom”[1] de la tercera temporada, una de las de mayor popularidad, Maxwell Smart y la Agente 99[2] son atrapados por espías de “KAOS”, entre los que figuraba un enigmático hombre apodado “gaucho”.
Mediante una serie de artilugios inverosímiles, los malvados agentes les hacen creer que son trasladados en avión hasta la Argentina, pese a que nunca habían salido de Washington.
“Por supuesto, todo encaja bien: aeropuerto de Ezeiza, el calor, el largo viaje, el hombre llamado gaucho….99, esto puede producirte un shock pero creo que estamos en mi Buenos Aires querido”, le asegura Max a su compañera, cuando son abandonados en una celda, con inflexiones “tangueras” en la voz.
El Agente 86 llama entonces a “CONTROL” desde su zapatófono y dice: “Hola Jefe, estamos en Argentina, la tierra del tango y del churrasco”, esbozando casi una descripción perfecta de la argentinidad.
La respuesta del “Jefe”[3] presagia lo que sería una constante en la política exterior de los Estados Unidos unas décadas después y, lo que es más grave, en la vida real: sin verificar la información, los marines de las barras y las estrellas invaden la Argentina ya que, como sostiene Max en otro episodio: “Nosotros tenemos que disparar y matar y destruir porque representamos todo lo que es sano y bueno en el mundo”.
Mientras la invasión se lleva a cabo, los agentes de “CONTROL” logran escapar y descubren que siguen en Washington. El capítulo finaliza con el “Jefe” llamando al presidente de Estados Unidos y diciéndole, avergonzado: “Temo que tengamos que enviar otra disculpa…a la Argentina”.

El viejo truco

Como no podía ser de otra forma, tratándose de una serie de espías, esta crónica también tiene una trampa (“el viejo truco de la trampa en la nota”, diría Max), ya que el tango y el churrasco solamente son mencionados en la versión latina de la serie.
Se trata de un agregado de Jorge “El Tata” Arvizu[4], célebre actor mexicano que realizó el doblaje del Agente 86.
Arvizu –que también puso la garganta para la adaptación cinematográfica de 2008[5]- aseguró en distintas entrevistas que los productores de la serie le daban libertad para que agregara la letra y los modismos que le parecieran convenientes con el objetivo de atrapar al público de habla hispana.
Es así como, por ejemplo, incluyó a la recordada “Tía de Acapulco” del Agente 86 –que no existe en el idioma original- o, en el caso del capítulo en cuestión (en el que sí se nombra en inglés a la Argentina, al aeropuerto de Ezeiza y al hombre llamado “gaucho”) la alusión a la “tierra del tango y del churrasco”.

El mundo no basta (para la carne argentina)

Ese capítulo, como muchos de los realizados entre 1965 y 1969, fue visto por millones de espectadores en todo el mundo y repetido año tras año hasta nuestros días, tanto en las principales cadenas televisivas como en esa metáfora virtual del eterno retorno llamada “youtube”. Ya son más de cuatro generaciones que escuchan a Maxwell Smart asegurar con su voz aflautada que se encuentra en la tierra del “churrasco”, que no es otra que nuestras pampas.
“El Superagente 86” se exhibió en más de ciento ochenta países y la versión latina fue vista en España, México, Estados Unidos, Panamá, Paraguay, Perú, Costa Rica, Argentina, Venezuela, Ecuador, Chile, El Salvador, Honduras, Colombia y Uruguay, entre otras naciones.
En 1967, cuando salió al aire por primera vez el episodio “Sonic Boom”, cada argentino consumía 82,1 kilos de carne por año, Roberto Goyeneche editaba su exitoso LP “Tres para el tango” -con Ernesto Baffa y Osvaldo Berlingieri-, y Astor Piazzolla comenzaba a colaborar con el poeta Horacio Ferrer.
Tenía razón, entonces, Maxwell Smart cuando le aseguraba con vehemencia a su jefe que se encontraba en “la tierra del tango y el churrasco”.

Luis Fontoira
Publicado en Revista Integración Nro. 21 – Abril de 2012

 
"Nunca nadie antes realizó un show con un idiota como protagonista, por lo que decidí ser el primero" (Mel Brooks, revista Playboy, 1966).



[1] “La bomba sónica” (emitido por primera vez el 28 de octubre de 1967)
[2] Interpretada por Bárbara Feldon nunca se menciona su nombre en la serie. Originalmente iba a llamarse la “Agente 69”, aunque ese número fue censurado por la cadena televisiva y pasó a ser la “99”.
[3] Interpretado por Eduard Platt. En la serie solamente se lo menciona como “Jefe” aunque en un capítulo asegura llamarse “Tadeo”.
[4] También hizo para el mercado de habla hispana las voces de Pedro Picapiedra, Canito, de “Canuto y Canito”, el Pájaro Loco, el Gato Felix, Mr. Magoo y personajes de la serie “Don Gato y su Pandilla”, como Benito Bodoque y Cucho.
[5] “Superagente 86”, dirigida por Peter Segal y protagonizada por Steve Carell como Maxwell Smart, Anne Hathaway como la Agente 99.

jueves, 15 de marzo de 2012

Publicidades de carne y hueso: el asado y la parrilla, estrellas del marketing de las pampas


Servicios financieros, gaseosas, vinos, medicamentos, internet, chicles, pegamentos para dentaduras postizas, aguas saborizadas, repelentes para mosquitos, cervezas, tarjetas de crédito. En la Argentina todo se prestigia y se vende con carne.

Toma 1
La escena transcurre en un salón de ambientación ecléctica, con grandes lámparas de caireles y portones con madera repujada. Cámara lenta. Un joven de campera roja mira, desde una punta, a una morocha de rasgos asiáticos que charla con amigas. La música es clásica, con predominio de violonchelo. El joven parece decidido. Comienza a caminar atravesando el salón al compás de la música. En el camino toma un chicle y lo introduce en su boca. En su mirada hay determinación. Llega hasta donde está la chica y se detiene muy cerca de su cara. Quedan frente a frente. Ella lo mira con extrañeza.
Joven: “Hola, Si vas a hacer un asado, calculá medio kilo de carne por persona”.
Al oír esas palabras la cara de la chica se transforma. Sonríe y sus ojos brillan con un dejo de ansiedad y libido. Se abalanza sobre el joven y lo besa apasionadamente en la boca. Cambia la música, que acompaña el estallido romántico.
Se sobreimprime en pantalla: “Con abrir la boca alcanza”.
Locutor: Nuevo Top Line 7, frescura que explota en tu boca en siete segundos.
Fin.

Si bien se sostiene que la “propaganda” tiene sus inicios en la primitiva curia romana, su uso se hizo masivo y organizado durante la Contrarreforma, época de sangría de almas católicas a manos de Martín Lutero, que seducía con sus protestas la conciencia de los fieles europeos.
Cuando el 22 de junio de 1622 el veterano Papa Gregorio XV instituyó la “Congregación para la Evangelización de los Pueblos”, conocida como “Propaganda FIDE” –primera institución creada formalmente con fines propagandísticos-, jamás imaginó que unos siglos después, en una zona por entonces poco conocida del mundo, la propaganda y su hija capitalista, la publicidad, estarían tan vinculadas a las cuestiones de la carne, uno de los infiernos más temidos por la Santa Madre Iglesia.
Claro que no se trataría de “esa carne”, la que exacerba la lujuria, sino de la otra, la vacuna, más vinculada a la gula, otro tipo de pecado, también “capital” pero mucho menos temido por los regordetes cardenales.
Y como un mandato divino, la carne reinó en las pampas con certeros golpes de propaganda y publicidad profetizados en forma constante por la nueva “iglesia electrónica” de las radios, los cines, los diarios, los televisores y la red de redes, metáfora posmoderna del dios que todo lo conoce.
Es que, en la Argentina, desde “El Matadero” de Esteban Echeverría hasta la última publicidad de chocolates, pasando por servicios financieros, aguas saborizadas o medicamentos, todo “se vende” y se prestigia con carne.
Inútil es para esta crónica remontarse a los borrascosos orígenes de la publicidad, que algunos estudiosos ubican en los comienzos de la civilización y el comercio, pero es importante remarcar es que se trata de una disciplina en la que conviven -no siempre de la mejor manera- la psicología, la sociología, la pedagogía, la semiótica y las artes, entre otras tantas ilusiones menores.
La publicidad moderna comenzó a evolucionar en Estados Unidos y Gran Bretaña a finales del siglo XVIII, durante la revolución industrial. A principios del siglo XX las agencias se profesionalizaron y la creatividad empezó a ser un factor importante a la hora de elaborar un anuncio. En los años 30 nació una famosa técnica creativa: el brainstorming (tormenta de ideas) y, a partir de allí, un ramillete de teorías, técnicas y escuelas que se especializaron en la persuasión a través de los medios masivos.
Vale la pena detenerse -para entender el fervor carnívoro de las publicidades de las pampas- en 1954, cuando Lucille Plant, de la agencia Walter Thomson, puso de moda “la publicidad testimonial” con el objetivo de favorecer el fenómeno de "tranfusión" mediante el cual el prestigio de la personalidad se transfiere al producto/servicio. A partir de esa “transfusión”, con técnicas depuradas por la agencia Ogilvy, los productos comenzaron a ser ofrecidos mediante cualidades subjetivas.
En definitiva, esta técnica permite “transferir” el imaginario colectivo que se posee de una persona, de un producto o de una situación a otro producto, y es una de las más utilizadas en la actualidad.
Por eso no es extraño que en el país de la carne, donde pocas cosas poseen mejor consideración que un asado, en la tierra de los carnívoros más carnívoros, todo se “venda” con una parrilla, un bife de chorizo o un costillar.

Toma 2
La escena transcurre en la terraza de un edificio de la ciudad. Un señor con máscara de ratón hace un asado en una parrilla portátil. Tres hombres con máscaras de ratones conversan en la mesa. Uno de ellos llama al parrillero:
-Vení, vení. che, un aplauso para Horacio, que se remó el asado.
(Todos aplauden)
El ratón Horacio saca una lista del bolsillo y comenta:
-Dividamos, son treinta y ocho pesos por hocico.
(Un ratón que volvía, presumiblemente del baño, al escuchar el monto, se retira rápidamente de la escena. Uno de los que está sentado hace de cuenta que le suena el celular que tiene en el bolsillo, lo saca, comienza a hablar, se excusa con un gesto y se retira. De los dos ratones restantes en la mesa, uno saca un billete de cien y comenta “habría que ir a conseguir cambio, es un problema”. El otro le dice, “pagame a mí que yo después te lo devuelvo…en cuotas”).
El ratón parrillero los mira y dice:
-Dejen, pago, yo, ya fue”.
Los que aún estaban en la mesa se levantan y lo abrazan.
Locutor: no todos los ratones son iguales. Por eso para cada uno hay un Cofler. Chocolates Cofler, disfrutá el truyo.
Fin

De acuerdo a una encuesta nacional encargada por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) a TNS-Gallup[1], la carne vacuna significa “patria”, “tradición”, “orgullo”, “argentinidad”, “cultura” y “una forma de ser” para los argentinos.
Allí radica el uso compulsivo de la carne por los publicistas locales, buscando que al menos parte de ese imaginario se transfiera al producto. De lo contrario no podría entenderse una publicidad de chocolates en la que unos señores disfrazados de ratones comen un asado o aquella otra de un agua saborizada en que un padre de familia ofrece morcillas con doble sentido a los comensales.
Tienen más lógica, por el renombrado “maridaje”, las de vinos y cervezas, como la llamada “Asado japonés” en la que un grupo de nipones comparten un asado y tras probar el vino cambian de idioma y hablan con acento porteño.
La misma marca de vinos –vinculada a una de las razas vacunas más difundidas en el país- posee otro comercial en el que un grupo de amigos se juntan a comer un asado pero falta el parrillero, tras lo cual pasan toda la noche tratando de encender el fuego de distintas formas.
También las cervezas locales en su mayoría se asociaron al fenómeno asado para transmitir la sensación de encuentro, de momento compartido, y varios medicamentos -especialmente los hepatoprotectores y digestivos, pero también los analgésicos, como el del “Señor Resfrío, que acompaña a un joven a un asado- hicieron culto de la parrilla con protagonistas que, por ejemplo, vociferaban en días de tormentas furibundas: “Lindo día para hacer un asado”.
Más rebuscada es la de un señor de edad avanzada que, delante de una parrilla, muestra una sonrisa gardeliana y exhibe un pegamento para dentadura, como diciendo “con este pegote le sigo entrando al asado de tira sin problemas”.
La lista es interminable: repelente para mosquitos, gaseosas, más vinos, servicios financieros, gaseosas, tarjetas de crédito, aguas saborizadas, medicamentos, Internet, chicles. Todo esto sin mencionar las específicas de hamburguesas (“Paty te quiero”), parrillas, frigoríficos, institucionales -como las realizadas por el citado IPCVA- o las ya referidas propagandas de la última dictadura militar[2].
En la argentina todo se vende con carne, hasta el futuro, como en el comercial de una casa manejada desde internet en la que un hombre controla el asado desde su televisor mediante cámaras web instaladas en la parrilla (“Arnet: La Casa del futuro”).

Toma 3
Quincho. Escena familiar. Mesa en primer plano. Un señor de mediana edad pregunta desde la parrilla, al fondo del cuadro:
-¿A quién le gusta jugosa?
En primer plano, una adolescente comenta a cámara:
-Este es Alberto, mi papá. Alberto hace muy buenos asados, pero en verdad su verdadero talento es su facilidad sobrenatural para el doble sentido.
Alberto se acerca a la mesa y, con mirada pícara, le ofrece una morcilla a una de las comensales:
-Tranquila, la puntita no hace nada.
Sirve otra morcilla en el plato de un muchacho.
-No la cortes, coméla entera.
Se acerca a una mujer joven y le dice, blandiendo una morcilla ensartada en un tenedor:
-Vos tenés cara de que te gusta.
Llega hasta su mujer:
-Vos ya comiste, anoche.
Sigue con otro muchacho, morcilla en mano:
-Esta es chiquita, pero te llena.
Llega hasta la hija adolescente y su mirada cambia. La observa con dulzura paternal y le sirve una morcilla sin decirle nada. Se sienta y la sigue mirando con expresión angelical.
Locutor: Están los que creen que la familia no se elige. Y estamos los que volveríamos a elegirla. Para nosotros está H2O. Perfecta, para los que no buscan ser perfectos.
Fin

Como está visto, pertenecer tiene sus privilegios, pero en la Argentina, solamente la carne genera esa pertenencia, ese sentimiento de que todo es mejor con un asado, hasta un aberrante pegamento para dientes postizos. Porque el argentino “es así” -como Coca Cola-, pero de carne. Y para nosotros, el asado (“Just do it”) es, y más en estas épocas, “caro, pero el mejor”.

Luis Fontoira
Publicado en la Revista Integración Nro. 19 - Marzo de 2012
luis.fontoira@gmail.com



[1] Primer Mapa del Consumo de Carne Vacuna Argentina (Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina-TNS-Gallup Argentina, 2005)
[2] Nota “Carne Argentina: qué mal se TV” (Revista Integración nro. 3. Marzo de 2010).

sábado, 7 de enero de 2012

AC/DC: embajadores del rock y de la carne vacuna argentina

Con gracejo felino de bailarina, Paloma Herrera viajó desde el glamour de los escenarios del primer mundo hasta la Argentina para participar de un acto oficial donde fue nombrada "embajadora agropecuaria", con el objetivo central de promocionar el bife de las pampas.
A la salida del evento, ante la pregunta a bocajarro de un periodista que intuía que su menú cotidiano se circunscribía a hortalizas y vegetales, la bailarina contestó: "No voy a promocionar la carne porque soy vegetariana".
Años después de aquel recordado paso en falso de los curiosos “embajadores” de la carne argentina en épocas del gobierno de la Alianza, una de las bandas de rock más importantes de la historia tomó inesperadamente la posta de la promoción del argentine beef y, lo que es mejor, en forma desinteresada y gratuita.
Se trata de AC/DC, una banda de hard rock formada en Australia en 1973 por los hermanos de origen escocés Angus y Malcom Young.
AC/DC lleva vendidos, desde entonces, más de 200 millones de discos en todo el mundo. “Back in Black”, su obra cumbre de 1980, vendió más de 50 millones de unidades y es el segundo disco en ventas de toda la historia, detrás de “Thriller”, de Michael Jackson. La revista “Q magazine” los colocó en el primer lugar de la lista: "Los 50 grupos que debes ver antes de morir".
En diciembre de 2009 se presentaron por segunda vez en la Argentina, con tres conciertos multitudinarios en el estadio de River Plate.
Producto de esos recitales, en 2011 editaron en todo el mundo el DVD “Live at River Plate” que, además del concierto, incluye el documental de 25 minutos, titulado “The Fan, The Roadie, The Guitar Tech & The Meat” (“El fanático, el asistente, el técnico de guitarra y la carne”) que refleja sus nueve días en el país.
Fanáticos, asistentes, más fanáticos, armado de escenario, firma de autógrafos, muchos más fanáticos. Todo normal. El previsible “ABC” del documental de una banda de rock girando por un exótico lugar del planeta. Promediando el video, el realizador, casi al azar, le pregunta al bajista: “¿Cuál es tu recuerdo de Buenos Aires?”.
La escena transcurre en una camioneta y Cliff Williams, de larga cabellera canosa, comienza a hablar de la visita al mausoleo de Eva Perón, en el cementerio de la Recoleta. “Es impresionante, más grande que mi primer departamento”, asegura.
Brian Johnson, el veterano cantante de la voz aguardentosa, sentado a su lado, lo interrumpe: “Aquí comí el mejor bistec de toda mi vida. He comido buena carne, pero te digo que la recomiendo”, asegura con un entusiasmo infantil y hasta saca de su bolsillo la tarjeta de un restaurante y hace un “chivo” del lugar, mencionándolo en varias ocasiones.
A partir de ese momento, el documental se centra en la pasión gastronómica de los viejos rockeros, mostrándolos en diversas situaciones:
-Brian Jonson (cantante) en el backstage: “Tierno como un malvavisco” (refiriéndose al bife).
-Malcom Young (guitarrista, en el backstage): “Un bistec de este porte” (separa las manos marcado un diámetro similar al de una gran bandeja). “Él quería un pequeño bistec pero, ¡demonios!...” (vuelve a separar las manos para graficar el tamaño descomunal del bife).
-Cliff Williams (bajista, en el hotel): “La otra noche comí el mejor bistec. Medallón de Kobe (bife de raza Wagyu), ¡brillante!”.
-Angus Young (guitarrista, en un auto): “Les encantó la carne vacuna”.
-Brian Johnson (cantante, en el backstage): “Me encantó. Todo el mundo tendría que probarlo”.
-Angus Young (guitarrista): “A eso me refiero, que lo disfruten”.
El halago de estos nuevos embajadores del bife argento no es menor teniendo en cuenta que se trata de millonarios “rock stars” acostumbrados a la mejor y más caprichosa gastronomía “cinco tenedores” del mundo. Además, el elogio proviene de dos escoceses criados en Australia y dos ingleses, es decir, paladares acostumbrados a carne vacuna de calidad premium.
El DVD "Live At River Plate" debutó en el primer puesto del ranking de 17 países, incluyendo Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, España, Australia, Argentina, Canadá, Irlanda, Bélgica, Suecia, Nueva Zelanda, Austria, Chile, Hungría, Finlandia e Italia.
El 12 de octubre de 2011 el trabajo fue premiado como el mejor DVD en la ceremonia anual de los ARIA Music Awards, en Australia.
Las letras de ACDC, casi una excusa para acompañar los guitarrazos distorsionados y el ritmo arrollador de la banda, hablan mayormente de mujeres, de whisky, del infierno, de dinero y de rock and roll.
Después de su paso por Buenos Aires no sería extraño -si es que a los veteranos rockeros les queda resto para un nuevo disco- que el argentine beef esté presente en las nuevas canciones que, ante la restricción de las exportaciones, al menos contarán con ritmo machacón y guitarrero que en las pampas argentinas se sigue produciendo la mejor carne del mundo.

Luis Fontoira
Publicado en la Revista Integración Nro. 18
Enero 2012
http://historiasdelacarne.blogspot.com/
luis.fontoira@gmail.com

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Asado al parquet, un hito de la gastronomía justicialista

 
Lejos de amedrentarse por la estigmatización que intentaron algunos sectores, el peronismo se sobrepuso a las críticas y hasta convirtió en bandera algunos de los ataques más brutales que le profirieron a lo largo de la historia. Hoy, los restaurantes temáticos que honran a Perón presentan el “Asado al parquet” como el plato central de sus cartas.

Además de unos cuantos textos memorables, el escritor Jorge Luis Borges dejó para la historia una de las definiciones más brillantes del peronismo. En un reportaje, ante una pregunta que buscaba su veloz lengua viperina, Borges –que además de escritor era un “gorila” consuetudinario- contestó que los peronistas no eran ni buenos ni malos sino simplemente incorregibles.
Ese rasgo, el de la vehemencia, el de la perseverancia aún ante los errores propios y las críticas ajenas, es el que define claramente al “movimiento”, esa entelequia construida a lo largo de más de sesenta años que no sabe de derechas ni de izquierdas sino que proclama, como decía Carlitos Balá, que “como el movimiento se demuestra andando, pues andemos”.
Y es así como el peronismo se sobrepuso a los ataques más feroces y mediante un complejo mecanismo sociológico hizo estandarte de las mismas miserias con las que se lo criticaba. “Mis grasitas”, en la voz de Evita, pasó a ser un elogio, una exaltación amorosa de las virtudes peronistas que actuaba como escudo ante los epítetos de los opositores que no dudaban en describir a los seguidores de Perón como “grasas” o “cabecitas negras”.
El mismo mecanismo –que los psicólogos podrían denominar “resiliencia” (*) de masas- se puso en marcha para reconvertir en virtud y en hito gastronómico otra de las críticas más brutales que recibió el peronismo de fines de los ‘40. Se trataba de un mito urbano deslizado por los sectores “blancos” que sostenían que los “negros” –que habían accedido masivamente al consumo- levantaban el parquet de las casas que entregaba Perón para hacer asados.
Hoy, distintas agrupaciones peronistas como la “JP Evita de la Matanza” convocan a festejar el día del trabajador con un gran “asado al parket” –“parket” con “k”, a tono con estos tiempos patagónicos- y una serie de restoranes temáticos que honran con la liviandad del marketing la figura de “El General” lo presentan como plato principal de sus cartas.
El humorista Diego Capusotto –fino observador de la realidad y peronista confeso- abordó el tema en su programa (**) realizando un supuesto contrapunto entre Borges, indignado por la propaganda peronista que buscaba el retorno del general en 1971, y el cantante popular “Bombita Rodríguez”. En ese video de 2009 se presentaba una campaña de educación alimenticia en la que se sostenía que para hacer un buen asado peronista solamente era necesaria la carne, la parrilla y una espátula…para levantar el parquet.
“Levantalo, no lo pensés, el parquet es un desvío muy burgués”, cantaba Bombita para concluir “Perón cumple y la carne dignifica”.
El spot de Capusotto finalizaba con un locutor en off que sostenía “Fue un mensaje de la Organización Mundial de la Salud, que también es peronista”.
Ironías al margen, no solamente Capusotto dedicó su arte al asado peronista. La banda de rock “DDT” (ex “Demonios de Tasmania”) editó en su disco “Rocketer” (2003) la canción “El último grito de la moda”, en la que se proclama como un mantra litúrgico “el sushi y la pizza con champán ya fue, el último grito de la moda, asado con el parquet”.
También el pintor Víctor Fernández (***) dedicó un óleo al tema, titulado "De cuando los Portegnomos (****) hicieron asados con el parquet de sus flamantes departamentos" (ver imagen).

Los muchachos peronistas, todos unidos comeremos

Casi como si se tratara de un “Hard Rock Café”, pero nacional y popular, los bares y restoranes temáticos dedicados a Perón florecieron los últimos años en Buenos Aires y se extendieron a otras ciudades como La Plata y próximamente Rosario.
“Perón-Perón”, una de las fórmulas más recordadas de la historia política nacional, es un selecto restorán enclavado en el trazado fashion snob de Palermo Hollywood. Luce en la entrada un escudo del partido justicialista y en una de las paredes un reloj detenido a las 20:25 (hora en que Eva Perón pasó a la inmortalidad). En su carta se destaca el “Asado al parquet”, además de otras exquisiteces poco sutiles, como la “Tabla de fiambres Pedro Eugenio”. En la barra no hay “happy hour” sino “La hora de los pueblos”.
Otro de los reductos dedicados a la gastronomía peronista –por no mencionar el bar del “Instituto Nacional Juan Domingo Perón”, donde se puede tomar un café junto a una estatua hiperrealista de Perón (*****), es “El General”, operado por una cooperativa de trabajadores. Se ingresa por “La Puerta de Hierro” y, además de múltiples afiches, presenta una imagen de Evita, arreglándose las uñas con un caniche en su falda. Todos los días se canta “la marcha” a grito pelado y, como no podía ser de otra forma, la especialidad de la casa es la “Parrilla al parquet”.
En el Juan Domingo Restó Bar de La Plata, por su parte, se puede pedir “Risotto Puerta de Hierro”, “Pastel de papas” –que, según dicen, era el plato favorito de Perón-, y para los postres una “Copa Mi General”.
Después de esta recorrida por este hito de la gastronomía peronista que hoy también celebran los “blancos” de las clases acomodadas solamente resta una advertencia: al momento de homenajear al “General” con un asadito se debe tener en cuenta que el parquet no esté plastificado –y, mucho menos, que sea piso flotante-, porque la combustión podría estropear el sabor del manjar justicialista.


Luis Fontoira

Publicado en Revista Integración nro. 17

Diciembre de 2011



(*)En psicología, el término resiliencia se refiere a la capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y traumas. Cuando un sujeto o grupo (animal o humano) es capaz de hacerlo, se dice que tiene una resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por los mismos. Actualmente la resiliencia es considerada como una forma de psicología positiva no encuadrándose dentro de la psicología tradicional.
(**) Peter Capusotto y sus videos.
(***) Fue Director de la Escuela Municipal de Artes Visuales de Lomas de Zamora. Actualmente, se desempeña como curador del Museo de Bellas Artes “Benito Quinquela Martín”.
(****) Según el artista, los “Portegnomos” son extraños habitantes de un mítico y subterráneo Buenos Aires. Amantes del tango, fieles seguidores de carismáticos líderes políticos, fanáticos hinchas de fútbol.
(*****) Silimar al famoso bar “El Floridita” de La Habana (Cuba) en el que los comensales pueden tomar un mojito junto a la estatua del escritor Ernest Hemingway.